martes, 29 de abril de 2008

No te metas con mujeres casadas

Conocí a Dailin en unos de mis viajes al Hotel Sierra Mar cuando trabajaba como guía de turismo. Cuando tenía alguna excursión que salía desde ése hotel temprano por la mañana, pasábamos con la guagua delante de la terminal de trenes. Un día, alrededor de las seis y media de la mañana, vimos un grupo de muchachas que nos hacían señas piediendo botella, o sea un pasaje. Ese día en la guagua no solo estaba mi chofer, por supuesto, sino otros guías que tenían excursiones desde el mismo hotel pero habían aprovechado que mi guagua llegó primero para salir temprano y tener tiempo de desayunar. Le dije al chofer que parara y las recogiéramos. Le pregutamos hacia donde iban y nos dijeron que eran maestras en unas escuelitas cerca del hotel Sierra Mar.Le dije que estaba bien que nosotros íbamos precisamente para allá. Dos de ellas eran muy bonitas y enseguida todos los hombres les echaron un ojo arriba y comenzaron a hacer confianza con ellas en modo demasiado directo. En casos como eso yo nunca hago lo mismo, no uso lo que se llama marketing agresivo. Si me gusta una muchacha de un grupo que apenas conozco, trato de entablar una conversación cordial para tratar de conocerla mejor. Trato de hablar en el modo más correcto posible, pronunciando todas las eses en modo que se de cuenta que está hablando con una persona educada y de un nivel cultural alto. De ese forma ella se da cuenta que soy diferente al grupo, que no estoy tratando de llevármela a la cama tan rápido como pueda sino estableciendo una amistad. Así sucedió con Dailin. Todas las veces que tenía una excursión proveniente del hotel Sierra Mar, recogía a ellas y sus amigas y conversaba con ella durante los cuarenta minutos de viaje hacia el hotel y a veces lográbamos regresar juntos a Santiago cuano terminaba la escuela. La maestras tenían una pequeña casa que les había dado el ministerio de educación donde pod¡an vivir durante la semana pero preferían regresar a Santiago si lograban coger algun transporte porque las condiciones de la casa eran deplorables y era demasiado pequeña para cuatro personas, sin contar el hecho que dos de ellas tenían novios, incluyendo Dailin. En uno de los tantos viajes que hizo conmigo me contó un poco de su vida. Era novia de un catinero que trabajaba en un hotel en el centro de Santiago. Por la descripción que me dio de él: alto, algo corpulento debido a la buena vida del trabajo de cantinero, mulato con el pelo lacio casi indio. El trabajo de cantinero daba mucho dinero debido a las propinas y a algunos trucos como por ejemplo no declarar todos los cocteles vendidos y sostituir las botellas consumadas por botellas lcompradas en las tienda que costaban mucho menos y así la diferencia se dividía entre los cantineros y jefes directos. La noche que menos recaudaban para sus bolsillos eran al menos 50 dólares. Un día de regreso de Sierra Mar, recogí a Dailin y sus dos amigas, que regresaban a Santiago porque era viernes y querían pasar el fin de semanas con sus familias. El chofer que trabajaba conmigo ese día era muy simpático y se podìa contat con él para cualquier cosa. Tenía unos cincuenta años, cabellos grises, ojos azules un poco desorbitados que lo hacían ver un poco como asustado o loco. Decidimos ir a la cafetería de un centro comercial en el reparto Vista Alegre para tomarnos unas cervezas y conversar un rato. Ya en la guagua estábamos tomándonos algunas que habíamos comprado en el restaurante donde habíamos almorzado durante la excursión al Parque Baconao. A pesar que Dalin tenía novio, veía desde que nos conocimos un interés por mí que fue madurando cada vez más a medida que conversábamos en nuestros viajes juntos desde o hacia Sierra Mar. Ese día en la guagua, sin pensarlo dos veces, le cogí una mano y comencé a acariciársela mientras hablaba con ella. Cuando llegamos cerca de la cafetería,bajamos las cortinas de la guagua de modo que nadie nos viera desde afuera. El chofer se divertía delante con Lili mientras nosotros nos besábamos. Alrededor de las once de la noche, después de haber comido unos bocaditos en la cafetería, decidimos irnos. El chofer tenía que trabajar temprano y yo tambièn. El y Lily prosiguieron en la guagua y Dailin y yo cogimos un taxi para ir a mi casa. Ella sabía que yo tenía una novia pero no le importaba como tampoco a mí el hecho que también ella tuviera su novio aunque aún no vivían juntos pero yo y mi novia s¡. Por casualidad mi novia estaba visitando su familia en Camagüey